Justa

Justa y Rufina eran hermanas naturales de Sevilla hacia el año 287. Pobres en caudales tenían por oficio vender vasos y cacharros de barro frente a la puerta de Triana. Un día las mujeres paganas que celebraban la fiesta de la diosa Venus llevaban un ídolo de ésta por las calles con danzas y bailes y pedían a todos los que encontraban que ofrecieran algún donativo para la diosa. Llegando donde se encontraban Justa y Rufina les pidieron unos vasos de barro, a lo que éstas se negaron. Indigadas las idólatras, quebraron todos los vasos que allí había y en el rifirrafe Justa y Rufina tomaron la estatua de Venus y la arrojaron al suelo, partiéndose en mil pedazos. De esto se hizo tanto ruido y alboroto que llegó a oídos de Diogeniano, el gobernador de la ciudad, que las mandó prender y torturar. Justa murió en una celda oscura consumida por el hambre y los tormentos de la cárcel. Rufina fue echada al circo con un león que se acercó y le lamió las heridas. Indignado Diogeniano, mandó matarla a palos allí mismo.

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